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Clave: Priorizar a las Personas
¿Cómo puede nuestra cultura misional llevar a más personas a convertirse en discípulos?
Debemos pasar de momentos misionales transaccionales a relaciones transformadoras con personas a través de la edificación de relaciones más profundas.
El discipulado es una relación. Cada persona tiene sus experiencias únicas, preguntas y caminos con el Señor. Por lo tanto, al conectarnos con las personas, debemos intencionalmente conocer su travesía individual. Si no lo hacemos, las Buenas Noticias que compartamos con ellos pueden parecer una propuesta de venta o nuestras acciones de amor pueden enfocarse más en nosotros que en la persona que estamos alcanzando.
Ahondar en nuestras relaciones con las personas en nuestros Jerusalén, Judea y Samaria debe pensarse a través del lente de desarrollar conexiones simples. “¡Construyamos un hospital!” parece una manera de ayudar a las personas de nuestra Samaria, pero en lugar de grandes proyectos con grandes presupuestos, consideremos actividades simples que sean de bajo costo o gratuitas para construir relaciones.
Hay cientos de ejemplos de conexiones simples que de seguro usted podría pensar en un instante como salir a caminar, jugar deportes, tomar café, crear arte, limpiar un área común o incluso compartir una pizza. Pero al considerar diferentes conexiones simples, debemos tener mucho cuidado de no elegir un momento transaccional en lugar de una relación transformadora.
Usemos la pizza para pensar en una misión transaccional versus transformadora.
Si tuviéramos una pizza y quisiéramos usarla para conectar con personas en nuestra comunidad, ¿qué podríamos hacer? Una idea puede ser repartir rebanadas de pizza a las personas. Así, mientras repartimos las rebanadas de pizza, la gente está feliz. Están felices de obtener una rebanada de pizza. Nosotros estamos felices de hacer felices a los demás. Tal vez incluso nos tomemos una foto feliz juntos. Ellos se van a casa felices y nosotros nos vamos a casa felices. Cuando nos encontramos en estos momentos todo parece un éxito.
Pero si solo distribuimos la pizza, tomamos fotos y nos vamos a casa felices, pero nuestro objetivo es el discipulado, entonces es posible que hayamos perdido la oportunidad de construir una relación. Y si estamos perdiendo la relación, estamos perdiendo el discipulado.
¿Y si en lugar de repartir las rebanadas de pizza a tantas personas como podamos, volviéramos a examinar nuestro ministerio pero esta vez a través de un lente personal? Podemos incluso usar el mismo recurso, nuestra pizza. ¿Y si tomamos nuestra pizza y nos sentamos en una mesa frente a alguien y compartímos una comida juntos? Al conocernos el uno al otro, podríamos saber sobre su familia o tal vez lo que los motiva. Ellos podrían saber nuestras historias y Quién inspira nuestra vida.
Conectarse con las personas debe verse como la línea de partida, no la línea de meta. Así, nuestro tiempo juntos puede convertirse menos sobre el proyecto y más sobre la persona. La misión de Dios valora a las personas por encima de los proyectos.
A medida que nos reunimos con personas de nuestros Jerusalén, Judea y Samaria, debemos enfocarnos en crear espacio para prestar atención a como el Espíritu Santo está abriendo puertas para tener conversaciones más profundas. Algunas personas pueden estar dispuestas a abrirse inmediatamente sobre sus vidas espirituales, pero muchas veces no están dispuestas a saltar directamente a las conversaciones más profundas del corazón sin tener una relación previa.
Convivir con personas de una forma más profunda siendo luz y sal, nos da la oportunidad de compartir con ellos la vida del Reino de Dios. Jesús dijo: ” Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo”. Jesús está enfatizando la importancia de vivir en unidad con otros. ¡Y como sal, somos enviados a nuestra comunidad para ser el sabor que mejora la vida! Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. Cuando la gente nos ve aprendiendo, demostrando y disfrutando la vida abundante que Jesús mencionó, pueden observar cómo realmente se ve la nueva vida. ¡Vidas desbordantes como luz y sal muestran la nueva vida en Dios no solo con palabras sino también con acciones.
Como Pueblo de Dios que está construyendo relaciones más profundas en toda nuestra comunidad, nos convertimos en personas que buscan amar, servir, bendecir, cuidar y sembrar en las vidas de los demás. Esto comienza a cultivar un buen suelo para el Evangelio.
Mientras amamos a nuestros vecinos y construimos relaciones más profundas con ellos, compartir el mensaje del Evangelio de quién es Jesús y lo que ha hecho por nosotros no deja de ser importante o urgente, sino que, al seguir el liderazgo del Espíritu Santo en nuestras relaciones con otros, podemos ver cómo las oportunidades para compartir a Jesús con ellos se profundizan y llevan a un camino de discipulado. Una manera de ayudarnos a pensar en este proceso de seguir al Espíritu Santo a través de las relaciones es utilizar este acróstico I LOVE (YO AMO en inglés):
Cuando construimos conexiones más profundas con otras personas:
I: Iniciar conversación. Hacer preguntas y abrir el diálogo. Y luego, cuando el Espíritu Santo abra la puerta…
L: Lograr escuchar su historia. Estar atento a su experiencia única en la vida y mientras el Espíritu Santo abre la puerta,
O: Ofrecer oración. Encontrar conexiones entre sus historia y una oportunidad para orar por ellos. Luego, cuando el Espíritu Santo abra la puerta,
V: Vocalizar el Evangelio. Destacar quién es Jesús y lo que hizo por ellos en conexión con ellos personalmente. Y cuando él abra la puerta,
E: Experimentar el participar en una comunidad. La comunidad es una de las mejores maneras de maximizar la exposición a Jesús. Más sobre eso en la próxima lección.
A medida que seguimos la guía del Espíritu Santo, ya sea en nuestra primera conversación o más adelante en el camino de la relación, la mejor habilidad que podemos afinar es aprender a prestar atención a las puertas que Dios está abriendo para profundizar nuestras relaciones con otras personas. Nuestro trabajo no es presentar un rol. El esfuerzo por realizar caridad o evangelización puede llevarnos a vivir un deber religioso. Dios nos llama a ser obedientes en nuestra relación con El. Amarlo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. Luego amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Él está atrayendo a las personas hacia sí mismo. Sigamos valientemente, pacientemente y obedientemente su guía.
A medida que nos relacionamos intencionalmente con las personas, podemos aprender a prestar atención a quiénes son y aquello que los hace únicos, servirles abundantemente y seguir la guía del Espíritu Santo para compartir con ellos personalmente.
